Carta a los miembros del grupo de trabajo de La Haya (2025)

El proyecto «La filiación en el contexto de la maternidad subrogada» está llegando a su fin.

En esta última reunión del grupo de trabajo, la CIAMS (Coalición Internacional para la Abolición de la Gestación Subrogada), con sus cincuenta organizaciones miembros de tres continentes, desea dirigirse a ustedes por última vez.

En sus primeras fases, la convención sobre filiación en la que ustedes trabajan se basaba en una investigación sesgada que se centraba exclusivamente en los clientes y los agentes económicos de lo que la propia HCCH y ustedes mismos reconocen como un mercado globalizado. Los principales afectados, es decir, las mujeres y los niños y las niñas, no fueron tenidos en cuenta y las organizaciones que los representan fueron ignoradas.

Hoy les pedimos, con conciencia y responsabilidad, que consideren el impacto nocivo de este proyecto en el plano humano.

Sea o no ratificada por los Estados, una vez elaborada, la convención legitimará y alimentará un mercado que, por su propia naturaleza, perjudica a las mujeres y a las criaturas que traen al mundo.

Hoy ya es posible medir el impacto social de los numerosos sesgos falsos con los que se presenta la explotación reproductiva al gran público: 

  • El aura médica con la que se la rodea erróneamente. Aunque solo la FIV y la inseminación artificial son prácticas médicas de reproducción asistida, la gestación subrogada se equipara erróneamente a ellas.
  • La supuesta generosidad de las mujeres que se implicarían por altruismo como madres de alquiler. Este manido estereotipo se reaviva para explotar a las mujeres en beneficio de terceros.
  • El mito del consentimiento libre e informado. ¿Podemos realmente consentir nuestra propia deshumanización? ¿Que se nos reduzca de ser humano a mero contenedor, que se nos utilice, se nos quiten nuestras criaturas y se nos deseche después de usarnos? ¿Qué tipo de consentimiento informado puede haber cuando algunos de los medicamentos que se administran a las mujeres embarazadas no están indicados en la etiqueta (como el Lupron) y no existen estudios científicos sobre sus efectos en la salud de las mujeres?
  • Se fomenta deliberadamente la confusión sobre el papel que desempeñan las partes en la explotación reproductiva. El proceso biológico del embarazo lo lleva a cabo la mujer, que es por lo tanto la madre biológica. El comanditario que «dona» el esperma solo tiene un vínculo genético con el recién nacido. Como persona ajena al embarazo, nunca debería ser calificado como padre biológico. 
  • El engaño, la estafa intelectual que consiste en afirmar que el niño nacido de la mujer embarazada no es suyo y que no se está vendiendo o comprando en el sentido del Convenio de la Haya de 1993 sobre Adopción Internacional. El Convenio establece una distinción muy clara entre la adopción y la venta de menores. La venta de niños y niñas se caracteriza por comprometer el futuro hijo a terceros antes de su nacimiento, lo que ocurre claramente en la gestación subrogada.

Este impacto puede medirse en situaciones de la vida real de las que tenemos noticia:

En plena calle, un joven se acerca a una chica y le dice: «Eres muy guapa. ¿Estarías dispuesta a donarme tus óvulos para que yo pueda tener hijos que se parezcan a ti?». 

Durante una comida con amigos, dos de ellos se acercan a una amiga y le piden en serio que se convierta en «su» madre de alquiler.

Así como en casos que están ahora en los tribunales:

Varias madres subrogadas que participaron en este tipo de prácticas se han puesto en contacto con nuestra coalición en busca de apoyo por situaciones en las que han sido brutalmente desalojadas de la vida del niño que trajeron al mundo. Los tribunales interpretan que estas situaciones entran en el ámbito de aplicación de la gestación subrogada y emiten sentencias exclusivamente favorables a los comanditarios. Los casos mencionados se plantean en contextos nacionales diversos en los que la explotación reproductiva es altruista, prohibida, mafiosa o comercial.

Además de las nefastas consecuencias de esta práctica globalizada, está la cuestión de los niños y las niñas nacidos de la explotación reproductiva, la búsqueda a menudo imposible de sus orígenes, su compleja situación y sus lealtades conflictivas hacia los “padres” que los criaron. También está el caso de los niños y las niñas abandonados por las personas que los encargaron por contrato, que el funcionario ucraniano responsable de la lucha contra la trata de personas estimó en 2019 en «más del 50 % de los niños y las niñas admitidos cada año en los orfanatos ucranianos».

Estos ejemplos demuestran que cualquier mujer, sea cual sea su categoría social, podría ser considerada ya como una potencial madre de alquiler al servicio de un tercero, en el sentido de que «las mujeres están para tener hijos y los hombres para ir a la guerra», como dijo en una reunión pública un activista a favor de la gestación subrogada, muy seguro de su derecho. 

Ya en 2015 y cada año desde entonces, las organizaciones feministas y de derechos humanos agrupadas en nuestra Coalición Internacional han alertado a los miembros de los grupos de expertos y de trabajo, a la Mesa permanente y a los Estados miembros sobre las consecuencias deletéreas en términos humanos del trabajo de la HCCH sobre este tema. También han ayudado a revelar al público en general el contenido de este proyecto que se ha estado desarrollando por ustedes con la mayor discreción durante más de diez años.

Hoy, en la etapa final de este proyecto a largo plazo, renovamos nuestro llamamiento a una mejor evaluación, como individuos responsables, del impacto de este trabajo y su finalidad.

Al participar en este trabajo, cuyo objetivo es garantizar los efectos de los contratos transfronterizos de gestación subrogada, ustedes tienen la opción de ponerse del lado de las categorías sociales favorecidas que recurren a la explotación reproductiva para tener un hijo o, por el contrario, de elegir valientemente el lado de las categorías más vulnerables de las que proceden las mujeres implicadas en esta práctica. Pueden elegir si quieren o no quieren contribuir a la compraventa de niños y niñas.

Regular la filiación en contextos de gestación subrogada, uno de los aspectos de una práctica basada en la deshumanización de la mujer y la transformación de los recién nacidos en objetos de contrato, no protege ni a los niños y las niñas ni a las mujeres y socava los derechos humanos de todos en beneficio del mercado. La esclavitud no puede regularse, debe abolirse. Y los casos de esclavitud contemporánea no han llevado a ninguna organización internacional a plantearse su regulación para limitar sus efectos. La «unificación progresiva» de las normas de derecho internacional privado debe realizarse desde el respeto a la dignidad humana, fundamento de los derechos humanos, y no en respuesta a un mercado cuya capacidad para monopolizar mujeres y niños y niñas se apoya en su intenso lobby.

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