Gestación subrogada: la valentía política consiste en su abolición

 

CIAMS, coalición internacional de organizaciones feministas, ha elaborado un proyecto de convención internacional para la abolición de la gestación por sustitución.

 

La Conferencia de La Haya de Derecho Internacional Privado prosigue su trabajo sobre la regulación internacional de la gestación subrogada.  El grupo de trabajo dedicado a este proyecto legislativo se reúne de nuevo del 12 al 16 de octubre.  La organización niega tomar partido a favor o en contra de la práctica, al tiempo que afirma que, dado que existe, sería necesario regular las consecuencias vinculadas a los «acuerdos de gestación subrogada de carácter internacional».

 

Con esta posición, la Conferencia de La Haya reconoce de facto la aceptabilidad de la subrogación.  Además, legitima y fortalece el mercado mundial de niñas y niños recién nacidos generado por esta práctica.  Afirmar que la única solución es regularla a nivel internacional, supone hacer creer que la mera existencia de una práctica la hace inevitable, que lo inevitable significa aceptable y que la aceptación requiere regulación.

 

Este razonamiento es pernicioso y tan inconsistente como falaz.  Sólo regulamos cuando  suscribimos fundamentalmente lo que es una práctica.  Por ejemplo, la esclavitud existe y persiste a pesar de su abolición y prohibición.  Sin embargo, nadie piensa en regularla por considerarla inexorable.  El mismo razonamiento es válido para la trata, la venta de niños y niñas o la violencia contra las mujeres.  La pena de muerte existe y se practica incluso en Estados democráticos de derecho.  Sin embargo, ninguna organización internacional se está movilizando para regularla a nivel internacional.  Todo lo contrario.  Porque todas estas prácticas -esclavitud, trata, venta de menores, violencia contra las mujeres, pena de muerte- se consideran contrarias a los derechos humanos.  Y el hecho de que existan no significa que requieran ser reguladas.  Cuando una práctica social ataca por su propia naturaleza los derechos humanos, nunca se regula para aminorar el daño que provoca.  Se lucha por su abolición.

 

La subrogación viola el principio mismo de la dignidad humana, que es el fundamento de los derechos humanos.  La mal llamada gestación subrogada se basa en violencia médica, obstétrica, simbólica, económica y psicológica contra las mujeres.  Es una práctica que convierte a las mujeres en instrumentos y transforma la vida humana en objeto de contrato. Respetar los derechos humanos de las mujeres significa considerarlas seres humanos, no meras «gestantes».

 

Contrariamente a lo que la Conferencia de La Haya quiere hacernos creer, para respetar los derechos humanos de los niños y las niñas, primero debemos considerarlos como seres humanos, no como objetos que se pueden obtener por encargo y contrato.

 

La regulación de una práctica que viola los derechos humanos desemboca en el debilitamiento y la devaluación de estos derechos.  Para que continúen siendo respetados, la única solución es abolir tales prácticas.

 

Alentamos a los Estados a que se atrevan a luchar contra el mercado de seres humanos, a que se atrevan a rechazar la instrumentalización de las mujeres, de todas las mujeres, en todo el mundo.

 

La valentía política consiste en no ceder a la propaganda comercial de la industria globalizada de la subrogación.  La valentía política es trabajar por la igualdad entre mujeres y hombres y abolir una práctica patriarcal y reaccionaria.

 

 

Marie-Josèphe Devillers,

Berta O. García,

Ana-Luana Stoicea Deram

Copresidentas de CIAMS (Coalición Internacional para la Abolición de la Gestación por Sustitución)

 

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